Tú ya no te acuerdas de Kim Deal...



Hoy he acompañado a mi amiga -la que perdió el gato- al aeropuerto. Ella no quería pero yo me he empeñado: es mejor poder despedirse de alguien que desaparecer sola tras los controles. No es la primera vez que ha cogido un avión pero me ha extrañado lo que ha hecho esta vez. Me ha pedido una cosa. Yo la he mirado alucinando, sin saber qué me iba a soltar porque intuía que iba a ser algo fuerte.

- Quiero que me hagas un favor.
- Claro, tú pide.
- Oye, que si me pasa algo...
- Ah no, eso sí que no, si te pasa algo me muero.
- Ya, pero nunca se sabe.

Y a partir de ahí le he soltado mi teoría de que el avión es el medio de transporte más seguro porque bla, bla, bla (en otra vida debí escribir una tesis sobre aviones, fijo). Total, que a ella le daba igual todas mis teorías.

- Que quiero que me incineren si me pasa algo.

Vale, alucinante. Y yo pensando que me iba a dar una carta de amor para que se la entregara a alguien o yo qué sé... que me iba a confesar algo inconfesable. Pues nada.

Nos hemos despedido. Le he hecho un dibujo en una servilleta y se lo he regalado con dedicatoria incluída. Le ha gustado y me ha dicho que lo llevaría consigo durante todo el vuelo. Y en cuanto he salido del edificio me he puesto a llorar porque me ha dado pena. Y me ha sentado bien porque hacía mucho que no lloraba. Pero cuando te pones a llorar pero no sabes exactamente porqué lloras, eso confunde y atonta.

2 comentarios:

SummerGirl 21/7/05 23:28  

Ciao guapetona!
Un día me tienes que hacer también a mi un dibujo para que lo lleve en mis vuelos.

Ufff! hay momentos que cuesta pasarlos.
Un super bacio volador.

Carol Blenk 22/7/05 00:04  

Summer, prometido! Pero tú no estabas en Francia??? Jajaja, siempre asomas la cabecita, me encanta :-)

Que vaya bien, muacks!

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