Cuando éramos los más subjetivos



Estábamos en un parque de Barcelona de cuyo nombre no quiero acordarme. No he vuelto a pisar ese parque. Parece ser que lo borré para siempre de mi geografía personal. Alguien me lo dijo a la cara: que estaba con otra. Vale, entonces creo que llegué a entender aquel poema sobre los celos, era de Bécquer, un poema brutal, para nada cursi, que no, que Bécquer no era cursi, joder, que de cada dos poemas semicursis tiene cien que son espeluznantes. El final de aquella rima…

sólo recuerdo que lloré y maldije,
y que en aquella noche envejecí


Realmente, sí. Hay noches en las que envejeces.

Vuelvo a dispersarme. Es un vicio, lo siento. Aquel día, aquella tarde se me hizo negra, negra, negra. Y perdí las ganas de reír, y me bebí un vodka de un trago y medio. Deseé recordar alguna canción pero ninguna hablaba de mí. Y odié a la persona que me dio la noticia.

Barcelona me miraba con los ojos caídos, con el maquillaje hecho un asco. Y mi ropa olía a alcohol y a tabaco rubio. Y pasé no sé cuántos días sin hablarme a mí misma. Olvidé mi nombre. Me olvidé de saludar a la gente. Me olvidé de atrasar la hora cuando lo avisan en el telediario. Me olvidé de que en diciembre hace frío y no se puede pasear en manga corta.

Pero nada es eterno. Y pasaron las estaciones. Y no recordé más poemas de cuernos. Y avisé a mis amigos de que había que atrasar la hora. Y volví a teñirme el pelo.

Pero, curiosamente, no siento la necesidad de ir a ese parque.

5 comentarios:

Gonzalo 20/7/05 01:42  

Lo mejor de los versos de Bécquer, especialmente esos, es que, descontextualizados, parcen un tango. Eso les da un pase. La última vez que estuve en Barcelona anduve tomando copas en un bar que se llama Manchester. No sé por qué, pero me pareció que podrías haber pasado por allí. En todo caso, la música te gustaría. La caipirinha del local, como Bécquer, también tiene un pase.

lulamy 20/7/05 04:06  

Hay muchos lugares-recuerdos en las ciudades.
El otro día le dije a un taxista; lleveme a la calle donde me dijo aquel novio te quiero por primera vez y luego me acordé de que mi vida es una cosa, mis recuerdos son otros y los taxistas de Madrid echan broncas por cualquier cosa, y mas si escuchan por la mañana a Losantos.
Beso

PuroHumo 20/7/05 11:27  

El mismo lunes escribí algo similar, lugares y tiempos de los que no quiero acordarme y han acabado siendo una mancha en mi memoria que tapa todo lo que quiera que hubiera allí.

Carol Blenk 20/7/05 15:20  

Gonzalo, es cierto, suenan a tango. No conozco el Manchester aunque creo que está por el Raval. Gracias por el apunte, lo tendré en cuenta para futuras salidas nocturnas.

Lulamy, yo falseo mis recuerdos a conciencia. Si te contara la historia real y objetiva del post... o saldrías corriendo o te pondrías a llorar de la pena. Por cierto, el taxista te debería haber puesto algo de los Pixies.

Purohumo, cuestión de tiempo, siempre lo digo. Y siempre llega un día en que te puedes acordar de todo, sin dolor, y ese día eres capaz de todo. Y, créeme, si no he vuelto a ese parque es porque tampoco me gustaba especialmente. Soy más urbana.

Besos a todos

Gonzalo 21/7/05 00:15  

Sí, por el Raval. Bajando de Gran Vía por Aribau, aunque se acabe la calle, llegas a un sitio que se llama Corto (por Corto Maltés, claro), y ahí giras a la izquierda. Es muy pequeño y apenas llama la atención, salvo porque la carta, en lugar de copas, proponía Placebo, Smiths, The Cure...

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