He quemado mi casa

He quemado mi casa. Por fin me he atrevido a romper recuerdos, imágenes y voces en off (“Si a veces pienso en lo que he dejado atrás y echo de menos a alguien especial…”) Me he quedado en la calle a las siete de la mañana, estaba amaneciendo pero me ha costado horrores encontrar un bar abierto para tomar seis cafés seguidos. He sentido ganas de llorar (“¿Qué estás haciendo? ¿Por qué no me llamas?”) pero me he cortado al ver que había dos chicos mirándome extrañados. Me he puesto a escribirte una carta, sí otra más, pero luego he recordado que olvidé tu nueva dirección y que tampoco puedo llamarte porque lanzaste el móvil al Nilo, en tu luna de miel. No me invitaste a tu luna de miel, ¿recuerdas? He salido del bar y hacía frío, ese frío cruel de abril, el peor de todos. Me he puesto a caminar y casi sin proponérmelo he llegado hasta tu antigua casa. Aún hay plantas, y siguen preciosas. Y aún siguen allí vacías las botellas de vodka que vaciamos en nuestras almas –en nuestras gargantas- hace ya algunos meses (“Estaba loca y le sentaba mal beber”). No te he visto al otro lado de los cristales, espiándome con tu telescopio, casi tan espectacular como tú. Y he echado de menos verte llegar a casa en tu Mini azul y blanco (“Guardaba la luz en su cabello rubio”). Y he añorado verte bajar la ventanilla y asomar la cara con un cigarrillo apagado entre los labios. Como aquella mañana que dormí en tu portal y apareciste radiante. Me acerqué a ti y te di fuego –candela, que sé que te gusta más- y te robé el cigarro dejándote sin saber qué decir. Me perseguiste casi una hora por las calles, tú en coche y yo caminando (“Solía llorar sin estar triste, paraba el tráfico en la calle”). Hasta que me detuve y me senté a tu lado sin mirarte. Y nos fuimos lejos. Y ya no recuerdo cuándo regresé a casa.

Y ahora ya no tengo casa. Tengo un presente. He perdido un futuro. Pero he conseguido que el pasado no me duela (“Y el cielo y el mar entre sus ojos te hacía sentir que estabas vivo”). Y que sea capaz de estar a tu lado sin estropearlo todo.

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