Carta a…

Te prometí que te escribiría, ya lo sé, no lo he hecho y sé que te debe haber molestado. No me justifico. Sabes que odio las cartas breves, que me encanta dispersarme y dispersarme… hasta el infinito y más. Pero quiero seguir contándote cómo va todo, a pesar de que posiblemente ahora te interese menos mi vida y mis historias. Supongo que mis narraciones ya no son lo que eran y yo tampoco soy la misma. Todos cambiamos con el tiempo y con los palos que nos dan, you know.

La semana ha estado llena de trabajo extra y de canciones. ¿Nunca te ha pasado que oyes música y te parece que todas las canciones hablan de ti? Exceso de egocentrismo, supongo. Mi semana ha estado repleta de canciones plagiando mi vida. Esta mañana me he sentado en el Zurich y ha sonado Andrés Calamaro, no me gusta especialmente, lo sabes, pero hay un par de canciones que me encantan de él:

Cuando te conocí ya no salías
con el primero que te había abandonado
no vale la pena hablar
de aquellos años pasados
cuando te conocí ya no salías
con aquel chico casado
que te prometía que la dejaría
y todavía no se había divorciado
cuando te conocí salías
con un amigo de los pocos que tenías
eras lo mejor de su vida
pero fuiste lo mejor de la mía
cuando te conocí miré por un agujero
en tus pantalones
y dos años después
ya tomabas todas las decisiones
cuando te conocí
te reconocí por tus botas
y mientras tomabas tequila
dejamos atrás dos almas rotas
cuando te conocí me dijiste
que por mí no ibas a cambiar
ibas a seguir siendo igual…


Calamaro cantaba para mí, supongo. Y me he puesto las gafas de sol porque me daba vergüenza que alguien pasara y me reconociera, y que se acercara a saludarme y me rompiera el momento. Y como las gafas no estaban graduadas entonces no veía nada y la calle se ha disuelto, y la gente se ha mezclado, y la cerveza se me ha subido, pero no a la cabeza sino al alma y entonces te he echado terriblemente de menos y he vuelto a odiar Barcelona porque me separa de ti y no he tenido más remedio que quedarme un buen rato escribiéndote mentalmente esta carta para tratar de memorizarla, para poder luego enviártela, así mismo, sin puntuación ni signos extra, porque al fin y al cabo tú y yo nunca hemos hablado el mismo idioma pero a ti se te dan muy bien los idiomas porque de vez en cuando me sorprendes y me sueltas un et trobo a faltar moltíssim i m’agradaria tant poder viure amb tu, no t’ho pots imaginar és el que més desitjo en aquesta vida, y cuando te oigo hablar así me enternezco y siento una punzadita aguda en la boca del estómago, que ahí es donde empieza todo.

Respiro y cojo aire. Subo al tren y cada parada tiene tu nombre, que es cortito pero precioso.

Cierro los ojos y bajo. Cambio de vía y me largo en sentido contrario. Para fastidiarme a mí misma, supongo. O bien porque acabo de recordar que no tengo casa, que la he quemado esta misma semana.

Joder, ya no sé dónde ir…

2 comentarios:

Poledra 16/4/05 18:14  

Reina, las casas no se pueden quemar. No son un lugar específico, es el lugar donde está la gente que te importa, o no?

Creo que sabes perfectamente donde ir...

Un abrazo enorme!

(Como siempre, un placer visitarte)

Carol Blenk 16/4/05 19:55  

Ay, es que esa casa estaba vacía y era muy fea. Mejor empezar desde cero.

Jajaja, qué lista que eres, Poledra. Claro que sé dónde ir el problema es que no puedo ir...

Besos mil para ti

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