La vida te da sorpresas…



Mira por dónde, resulta que Amenábar ha ganado un Óscar y yo no he visto su ma-ra-vi-llo-sa peli porque me da pereza. Me harto de ver cortos, pero mira, los largos se me hacen demasiado largos. Fíjate qué curioso, que en toda la Península hace un tiempo terrible (nieve, frío y lluvias que limpian penas) y en mi ciudad estamos en una burbuja aislante. Y una de mis mejores amigas resulta que acaba de descubrir que no es hetero y se ha ido a Chueca el fin de semana, “a ver cómo me reacciona el cuerpo”. Y el fin de semana que viene me quiere arrastrar con ella porque resulta que le ha encantado, “qué bien, que he conocido a una tía que está buenísima, vente conmigo, tonta, que hace mucho que no vas a la capital”. Y yo le digo “perfecto, mientras tú ligas yo me emborracho y le cuento mi vida a los camareros; que no, que me quedo en casa, paso de tu fantástico plan”. Y ella se mosquea y me dice que no soy solidaria. Y joder, decirme eso a mí, con la de tonterías que he tenido que hacer por ella. Y me hace gracia, porque vía Google me entero de que un amigo ha publicado una novela. Y bueno, tampoco era un amigo, más bien un capullo que no me quería devolver un CD de Bowie hasta que le amenacé con quemarle la casa. Y me llama M y me dice que está harta de estudiar para las oposiciones y me dice que me presente, que la oportunidad es única, y le digo que jamás, que no quiero acabar ahí, que prefiero diseñarme la vida de otra manera. Y miro el dormitorio y recuerdo que aún no tengo el armario con estanterías, que la ropa la tengo puesta en uno de esos cacharros, cómo se llama, sí, de esos que hay en las tiendas de ropa. Y que aunque tú me digas que lo tengo porque voy de moderna (ja), en realidad es porque me da pereza ir de tiendas. Y hoy, mira tú por dónde, me he descubierto una cana y me la he arrancado, qué has hecho, niña, te saldrán cientos, que las canas nunca hay que arrancarlas, no ves que vuelven a salir, que son como los antiguos novios, que siempre reaparecen. Y sigo mirándome el pelo y descubro que nunca fui rubia natural, que era teñida y que ahora lo he asumido y voy de castaña por la vida. Y sigo con la inspección y me peso, ni un gramo he engordado, parece mentira, con lo que como últimamente. Y hoy vuelve a ser domingo y miro el calendario y la santa semana santa todavía no llega. El tiempo se detiene y tengo ganas de hacer la maleta (pero para no volver a deshacerla jamás) Y quién sabe si el domingo que viene estaré con mi amiga la exhetero, agobiada en una ciudad desconocida o bien alargando llamadas de teléfono para no echarte tanto de menos.

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