Desarraigos invisibles



Uno de los lugares donde mejor me lo paso es en los aeropuertos. Hoy he estado casi tres horas en uno y he pensado que, curiosamente, me siento como en casa ¿!

Me he paseado por los diferentes terminales: vuelos nacionales y al extranjero. Me ha dado por centrame en las personas, en sus rostros. Sin escuchar conversaciones. Mucha pena en salidas y alegrías varias en llegadas. Siempre es así, bueno, salvo excepciones, claro (como todo en la vida, lo más precioso son las excepciones, las jodidas excepciones a la regla)

Había una cría que ha llegado sola del avión, al salir ha visto a una mujer que, he deducido, debía ser su madre. Bien, pues la cría se ha puesto a llorar... ha sido increíble. Lloraba con sentimiento, como quien llega a un lugar donde se siente, por fin, seguro. Qué fuerte. Todo el mundo la estaba mirando, pobre cría. Me he puesto yo también a llorar como una absoluta imbécil. El caso es que no podía dejar de mirarla. Y tampoco podía despegar los pies del suelo y largarme.

Al principio te sientes muy desarraigada cuando nadie te espera en el aeropuerto.

Después de algunos vuelos, la sensación de desarraigo desaparece y entonces comienzas a sentirte como en tu casa. Te esperas a ti misma. Y tú siempre estás allí. Sin retrasos.

1 comentarios:

Poledra 19/1/05 14:56  

Exacto, y cuando descubres que tu misma has llegado, miras alredor y aprendes una barbaridad..

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