1836-2004

Soy experta en tradiciones estúpidas y absurdas. Una de ellas consiste en leer cada 24 de diciembre un artículo de Mariano José de Larra, La Nochebuena de 1836. ¿Por qué? Porque una noche como la del día de hoy cayó en mis manos -casualidades de la vida, una vez más- y desde entonces me sienta bien releerlo cada año.

Para los que no conozcan el texto, recomiendo su lectura y también, ya de paso, del resto de artículos de Larra. Genial escritor del XIX.

A pesar del lado oscuro de la Navidad, os lanzo un beso y un abrazo, sinceros.

El número 24 me es fatal: si tuviera que probarlo diría que en día 24 nací. Doce veces al año amanece sin embargo un día 24; soy supersticioso, porque el corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer; sin duda por esa razón creen los amantes, los casados y los pueblos a sus ídolos, a sus consortes y a sus Gobiernos, y una de mis supersticiones consiste en creer que no puede haber para mí un día 24 bueno.



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