Amigos y noche, noche y copas...



Vale. Lo reconozco. Vuelvo a casa con una copa de más. Perdón por la mentira. Son dos copas de más. Las suficientes para que mis dedos se deslicen libres por el teclado del portátil, sin miedo a escupir la verdad. Sin miedo a decir tantas cosas que a veces me callo. Por parecer entera, supongo.

Benditos sean los amigos. Porque sin ellos, en noches oscuras como ésta, no sé qué sería de los que tenemos el alma medio entera.

Lo que quiero decir es que acabo de venir de pasar la noche charlando de la vida -la puta vida, la triste vida, la media vida que la mayoría desperdiciamos- con un par de colegas. Benditas sean ellas. Y gracias por hacerme sonreír, por conseguir arrancarme la parte cínica que llevo dentro y que a veces olvido.

Nos hemos reído de medio planeta y de tres cuartas partes del universo. Ja.

He vuelto bastante etílica. Bastante guapa. Mejor conmigo. Casi en paz con mi sombra.

Hemos compartido seis ojos, seis manos y tres copas de vino llenas ininterrumpidamente.

Hemos acabado de trazar planes y de construir cabañas de madera donde nunca anochece.

He hablado de ti.

Te han recordado.

Y de nuevo nos han dado las tantas expulsando penas y demonios buenos.

Dulces sueños.

(Yo estoy tan despierta que pasaré más de cien días antes de cerrar los párpados)

1 comentarios:

Anónimo 29/12/04 20:00  

Bueno , te embarrachaste un poquito , no pasa nada , solo un gran dolor de cabeza y malestar general al día siguiente , suficiente para que yo me sienta útil cuidándote si me dejas.Me gusta que hableis de mi, se que tus colegas me aprecian y que a ti no te molestar hablar de mi.También se que tienen pendiente emborracharme a mi pero para eso aún queda mucho .(Mr. Woolf)

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